La igualdad no es una cuota
La igualdad real se mide en nóminas y horarios, no en eslóganes.
Por Equipo de Opinión · lunes, 5 de octubre de 2026

Cuarenta y siete años después de la Constitución, las mujeres españolas siguen ganando menos, trabajando en peores condiciones y encargándose de casi todo el trabajo de cuidados. No es una opinión: son los datos. Y la igualdad, que tantos discursos levanta, se cae en la nómina de final de mes.
Nos molesta que la igualdad se convierta en un asunto de bandos. No es un tema de un partido: es un asunto de Estado. Quien rechaza medidas por ser de izquierdas y quien las acepta sin dotarlas ambas se equivocan. La igualdad se construye con presupuesto, con inspección, con permisos por igual y con contratos que no discriminen.
También queremos decir algo incómodo: el machismo no habita solo en el discurso del extremo. Habita también en los pisos invisibles, en las ventanas de las empresas, en las aulas y en las tertulias. Está donde no se mira, en la vida cotidiana, en las imágenes que consumimos, en los silencios que aceptamos.
La igualdad no es una cuota, ni un discurso, ni una asignatura: es la prueba de que la democracia funciona. Mientras las mujeres cobren menos por el mismo trabajo, mientras el abuso impune, mientras tantas niñas dejen de dibujarse en las posiciones que desean, nuestro proyecto quedará incompleto. Y eso no se corrige con palabras, se corrige con leyes aplicadas, datos publicados y recursos puestos donde están las desigualdades reales.