Contra la tentación del desprecio
El insulto barato gana audiencia y pierde ciudadanos.
Por Consejo Editorial · martes, 6 de octubre de 2026

Vivimos una epidemia de desprecio. En las redes, en la tribuna de un pleno, en la tertulia de sobremesa, cada vez cuesta más encontrar a alguien que asuma que su adversario puede tener razón en alguna cosa. El insulto barato gana audiencia, llena pantallas y elige bien a sus enemigos, pero pierde algo que no se recupera fácilmente: ciudadanos que se respetan.
El desprecio es una moneda devaluada. Todo lo que se compra con él, también. Quien desprecia a quien piensa distinto no le está ganando una discusión: le está diciendo a sus propios partidarios que el objetivo no es convencer, sino humillar. Y una sociedad acostumbrada a humillar acaba considerando normal que se la humille a ella, porque las normas de convivencia se rompen una sola vez y para todos.
Nosotros no somos ingenuos: sabemos que la política es conflicto, intereses, tensión. El debate duro es legítimo y necesario. Pero hay una línea que separa la discrepancia de la degradación, y esa línea la cruza cada vez menos gente con más ruido. Nos interesa volverla a cruzar en sentido contrario, aunque a estas alturas resulte casi heroico.
Proponemos algo sencillo y a la vez difícil: tratar de entender antes de responder, leer lo que critica antes de criticarlo, y aceptar que en democracia ganan unas veces y pierden otras, y que perder una votación no es perder el país. El desprecio se combate con ejemplo. Empieza por lo que escribimos y por lo que compartimos. Todos podemos empezar mañana mismo.