Contra la fatiga democrática
Votar cansa, informarse aburre, y ahí gana el que quiere que te rindas.
Por Consejo Editorial · lunes, 5 de octubre de 2026

Existe una estrategia consciente, deliberada, para cansar al ciudadano. Saturarlo de indignación, agotarlo con peleas de comunidades, hacerle sentir que todo es igual y que nadie representa nada. La fatiga democrática no es un fenómeno espontáneo: está cultivada, porque a quien no le interesa que la gente vote le resulta muy rentable que se rinda.
El voto es la única moneda que la ciudadanía tiene y que los partidos no pueden fabricar. Y quien renuncia a usarla, entrega su poder a otros que sí lo usan, aunque sea en contra de sus intereses. La abstención no es un mensaje de protesta: es un cheque en blanco.
Nosotros no le pedimos a nadie que vote a nuestro equipo. Le pedimos algo más difícil: que no renuncie. Que se informe, que compare, que se enfade con los medios, que corriga con el boletín electoral. La democracia no es un dispositivo que funciona solo: es un músculo. Se mantiene con ejercicio, y se atrofia con la comodidad y con el cinismo.
Habrá quien diga que la política no le merece el esfuerzo. La respuesta es la misma que le daría un médico: moverse, aunque duela. Porque cuando el cuerpo político se queda inmóvil, no se protege: se pudre. Y los que se benefician del cinismo cuentan con que a nadie le apetezca sudar.