Milton Restrepo, la sostenibilidad que se construye desde los territorios
Asistirá a Davos en el marco de los eventos paralelos al Foro Económico Mundial, del 18 al 22 de enero de 2027.
Por Redacción La Democracia · lunes, 19 de octubre de 2026

Hay liderazgos que se forjan en los grandes despachos y otros que nacen del trabajo paciente en las ciudades, allí donde las políticas públicas dejan de ser papeles y se convierten en calles limpias, empleos nuevos y oportunidades reales. Milton Restrepo Ruiz pertenece a esta segunda estirpe. Desde Ibagué, la capital del Tolima, en el corazón de Colombia, ha ido levantando una de las propuestas más ambiciosas de América Latina en materia de economía circular, y lo ha hecho con una convicción que compartimos plenamente: las grandes transformaciones del siglo XXI no se decidirán solo en las capitales del poder, sino también en las ciudades intermedias que se atreven a pensar en grande.
Abogado, especialista en Ciencia Política y magíster en Evaluación de Políticas Públicas por una universidad andaluza, Restrepo acumula una trayectoria pública de cerca de tres décadas. Ha sido diputado del Tolima en dos periodos, presidente de la Confederación Nacional de Asambleas y Diputados de Colombia, secretario de Gobierno y alcalde encargado de Ibagué. Gerenció Ibagué Limpia y Ambiental, la entidad que supervisa el servicio público de aseo de la ciudad, y hoy lidera como CEO la fundación Glocal Ecocirculab y la Cumbre Glocal de Economía Circular NOVA NEXT SUMMIT. Es una biografía que conviene subrayar, porque explica algo esencial de su enfoque: la sostenibilidad no se entiende como un eslogan, sino como una política pública que hay que gestionar, evaluar y rendir ante la ciudadanía.
La palabra que mejor resume su apuesta es «glocal». Pensar globalmente y actuar localmente ha sido durante años una consigna amable; en Ibagué se ha intentado convertir en una estrategia. La Cumbre Glocal de Economía Circular, celebrada en la ciudad en abril de 2026, reunió a alcaldes, expertos internacionales, empresas, universidades y organismos multilaterales con un propósito claro: demostrar que desde los territorios se pueden liderar soluciones globales. Que una ciudad intermedia colombiana se convierta en punto de encuentro de este debate no es un detalle menor. Es la prueba de que la agenda climática ya no pertenece en exclusiva a los gobiernos centrales ni a las grandes potencias.
Entre las iniciativas que Restrepo ha defendido destaca la propuesta de crear en Ibagué una zona franca especializada en economía circular, concebida como un espacio para la transformación, importación y exportación de residuos aprovechables. La idea encierra una lección que Europa conoce bien: el residuo deja de ser un problema cuando se convierte en materia prima, y la protección del medio ambiente deja de enfrentarse al desarrollo cuando genera industria, innovación y empleo. Restrepo ha señalado el interés de empresas extranjeras por aportar tecnología para tratar residuos textiles, plásticos o peligrosos. Si ese camino se consolida, Colombia podría disponer de un laboratorio de transición ecológica con vocación latinoamericana.
Su trabajo ha recibido reconocimientos que confirman esa proyección. En Sevilla fue distinguido como líder innovador en desarrollo local e impacto, un galardón que puso en valor precisamente la creación de la Cumbre Glocal. Y en Colombia, la Comisión Legal Afrocolombiana del Congreso de la República rindió homenaje a su trayectoria pública, a su labor social y comunitaria y a su liderazgo en iniciativas de innovación, sostenibilidad y desarrollo territorial. No es habitual que un mismo perfil sea reconocido a la vez a ambos lados del Atlántico y desde ámbitos tan distintos. Es, en cambio, la señal de un liderazgo que sabe tender puentes.
Esos puentes nos interesan especialmente desde España. La relación entre nuestro país y América Latina ha sido demasiadas veces retórica, hecha de memoria compartida y de lengua común, pero escasa en proyectos concretos. La economía circular ofrece una oportunidad para cambiar esa inercia. Las ciudades españolas y las latinoamericanas afrontan desafíos parecidos: la gestión de residuos, la presión sobre los recursos, la necesidad de empleo verde, la exigencia de una ciudadanía que pide resultados. Cooperar en este terreno no es caridad ni diplomacia de salón; es inteligencia estratégica compartida.
Conviene también detenerse en otra dimensión del enfoque de Restrepo: la cultura ciudadana. Ninguna política ambiental funciona si la ciudadanía no la hace suya. La limpieza de una ciudad, la separación en origen, el respeto del espacio público, son conductas que se aprenden y se sostienen con pedagogía, con ejemplo y con instituciones que cumplen. Su insistencia en supervisar con rigor al operador del servicio de aseo y en dialogar con todos los actores apunta a una idea que defendemos en estas páginas: los servicios públicos son el rostro cotidiano de la democracia. Cuando funcionan, refuerzan la confianza; cuando fallan, alimentan el desencanto del que se nutren los populismos.
Por eso su presencia en Davos tiene un significado que va más allá de lo personal. Restrepo asistirá a los eventos paralelos al Foro Económico Mundial, que se celebrará del 18 al 22 de enero de 2027. Davos es, con todas sus contradicciones, uno de los grandes escaparates donde se discuten las prioridades económicas del planeta. Que una voz llegada desde una ciudad intermedia de Colombia lleve allí la experiencia de la economía circular territorial es una buena noticia. Recuerda a quienes toman decisiones globales que la transición ecológica necesita a los alcaldes, a las regiones y a los gestores públicos que conocen el terreno.
No faltarán quienes miren con escepticismo este tipo de foros, y no les falta razón cuando las declaraciones se quedan en buenas intenciones. Pero precisamente por eso importa quién acude y qué lleva consigo. Si lo que se presenta son proyectos verificables, alianzas con universidades y empresas, inversiones que generan empleo y mecanismos de evaluación transparentes, la participación en esos espacios deja de ser un gesto simbólico y se convierte en una palanca de desarrollo. La formación de Restrepo en evaluación de políticas públicas es, en este sentido, una garantía de que el discurso debe medirse por sus resultados.
América Latina vive tiempos de polarización, desconfianza y urgencias sociales. En ese contexto, los liderazgos que apuestan por el acuerdo, por la cooperación internacional y por la gestión eficaz merecen ser reconocidos. Milton Restrepo representa una forma de hacer política que pone la sostenibilidad en el centro sin renunciar al crecimiento, que piensa el territorio en clave global y que entiende la ciudad como un proyecto compartido.
Desde La Democracia celebramos ese papel y seguiremos con atención su paso por Davos. Ojalá su ejemplo inspire a otras ciudades, en Colombia, en América Latina y también en España, a creer que desde lo local se pueden construir respuestas a los grandes desafíos de nuestro tiempo. El futuro sostenible no llegará por decreto: se levantará, ciudad a ciudad, con instituciones que funcionan y ciudadanos que se sienten parte de él.