Los derechos humanos como política exterior
España debe hablar con la misma voz en Madrid, en Bruselas y en las capitales donde decide.
Por Redacción La Democracia · domingo, 4 de octubre de 2026

La política exterior de España se mide, entre otras cosas, por su coherencia con los derechos humanos que proclama. Ese es el estándar con el que evaluamos las relaciones comerciales con países donde se persigue a disidentes, con regímenes que negocian al abuso y con partners que exigimos otro estándar del que aplicamos.
No es una cuestión de pureza: es de interés. La historia reciente enseña que los países que quedan bien con todos y defienden poco, al final pierden influencia y credibilidad. Los derechos humanos no son una capa de pintura sobre la política exterior: son su columna vertebral, si se quiere proyectar un modelo atractivo de sociedad.
Proponemos una política exterior coherente: criterios de derechos en las exportaciones de armas, en los acuerdos comerciales y en los programas de cooperación; defensa pública de activistas y periodistas perseguidos; y apoyo a los mecanismos internacionales de vigilancia, empezando por los europeos.
Ser coherente cuesta, a veces, contratos. Pero ser incoherente cuesta, siempre, la credibilidad. Y la credibilidad de un país es su activo más difícil de reconstruir. Que la España que proyecta en el mundo sea la misma que proclama en sus leyes: esa es la medida de nuestra política exterior, y la que exigiremos desde estas páginas.