El 29-N no elegimos solo un Gobierno: elegimos el tono de nuestra democracia
Sánchez adelanta las generales tras el fracaso de los decretos de vivienda. Las encuestas dibujan una mayoría de la derecha, pero la verdadera pregunta es qué país queremos ser durante los próximos cuatro años.
Por Redacción La Democracia · martes, 6 de octubre de 2026

España vuelve a las urnas el 29 de noviembre. El presidente del Gobierno ha decidido adelantar las elecciones generales después de que el Congreso tumbara los decretos con los que el Ejecutivo pretendía responder a la emergencia de la vivienda. Es una decisión legítima y, en cierto modo, honesta: cuando una mayoría parlamentaria ya no permite gobernar, la palabra debe volver a la ciudadanía.
Los sondeos publicados estos días son claros en su tendencia. El promedio de encuestas sitúa al Partido Popular por delante, en torno al 33% de los votos, con el PSOE alrededor del 26% y Vox como tercera fuerza por encima del 18%. La suma de la derecha y la extrema derecha rozaría la mayoría absoluta holgada. Pero conviene recordar que hace tres años las encuestas también parecían escritas de antemano, y la campaña cambió el resultado.
Lo que nos jugamos, sin embargo, va más allá de la aritmética. Nos jugamos el tono. La pregunta no es solo quién gobernará, sino si seremos capaces de debatir sobre vivienda, sanidad, empleo o Europa sin convertir al adversario en enemigo. Una democracia madura se mide por la calidad de su conversación pública tanto como por la limpieza de sus urnas.
Preocupa que la campaña nazca ya marcada por el lenguaje del todo o nada. Cuando los partidos plantean unas elecciones como una batalla entre el bien y el mal, la ciudadanía queda reducida a espectadora de una trinchera. Y en las trincheras no se construyen políticas públicas; se acumulan agravios.
El centro reformista y progresista tiene aquí una responsabilidad especial: ofrecer propuestas concretas, evaluables y compartibles, capaces de seducir más allá de los propios. La vivienda es el mejor ejemplo. Es una preocupación mayoritaria que atraviesa ideologías, generaciones y territorios. Quien sea capaz de convertirla en un gran pacto de Estado, y no en un arma arrojadiza, merecerá la confianza de los españoles.
Quedan 54 días. Tiempo suficiente para que las campañas hablen de soluciones y no solo de culpables. Esa es, al menos, la exigencia que desde estas páginas planteamos a todas las fuerzas democráticas.